domingo, 30 de enero de 2011

Doña Gladys

Por Sergio Reyes II


“ … el dolor de la despedida, arrebatada por las oscuras sombras del poder”; GG

Hace unos años publiqué un relato en el que hago mención de luchas, abominaciones y martirologios que tuvieron como escenario el territorio de la Provincia Dajabón, en la etapa felizmente superada de la dictadura ilustrada de los ‘Doce Años’ (1966-1978) encabezada por Joaquín Balaguer en la República Dominicana.

Dicho escrito, elaborado con los artificios de la realidad-ficción, hace un enfoque, más o menos aproximado, de lo que ha sido posible desentrañar en relación al apresamiento-encarcelación-asesinato del dirigente político de filiación izquierdista Henry Segarra Santos, a fines de julio de 1969, hecho que, a partir de los informes presentados y evidencias halladas en el curso del proceso investigativo, fue perpetrado en el interior de la Fortaleza Beller, de Dajabón, en una criminal acción dirigida personalmente por el comandante de dicho recinto carcelario, José Demetrio Almonte Máyer -un nefasto y sanguinario personaje de ingrata recordación en toda la región, por su arbitrario comportamiento- quien, a todas luces, actuaba movido por ‘órdenes superiores’ provenientes de los entretelones del poder, enquistados en la ‘silla de alfileres’ del gobierno balaguerista de entonces.

jueves, 27 de enero de 2011

Un Centro allí en Río Limpio

Cristino Alberto Gómez*
26 de enero de 2011

Había tenido muchas referencias acerca de esta comunidad en la Frontera, localizada sobre la Cordillera Central, mas nunca antes la oportunidad de visitarla. Hace años deseaba hacer el viaje pero aún no lo había programado y efectuado.
Tomé la decisión de ir a Río Limpio la semana pasada, cuando pregunté a mi padre sobre su disponibilidad para acompañarme a aquel lugar que ya le era familiar, en donde hace más de dieciséis años estuvo la vez más reciente. En ese entonces realizó un curso sobre agricultura orgánica en el Centro Regional de Estudios y Alternativas Rurales (CREAR). Cuatro años más tarde, yo también atendí a uno de sus talleres, sobre sistemas agroforestales e injerto, impartido en Loma de Cabrera. Entonces hubo la participación de estudiantes de diferentes escuelas y liceos en las comunidades pertenecientes al municipio de Loma de Cabrera. Yo representaba a la Escuela Primaria Hipólito Billini, donde cursaba mi séptimo grado.

Para el tiempo cuando llevé aquel curso, ya era manifiesto mi interés en las ciencias agrícolas y de manera especial la agricultura orgánica, cuyos primeros conceptos y técnicas aprendí gracias a mi padre, que estaba motivado por sus experiencias con CREAR y otras instituciones que le habían apoyado en el aprendizaje de este tipo de agricultura. Pero fue esa vivencia la que más despertó el interés en seguir explorando los conocimientos técnicos y científicos sobre la agricultura y los recursos naturales.

Ingresé primero al Instituto Politécnico Loyola en San Cristóbal, República Dominicana, y luego a la Universidad EARTH en Guácimo, Costa Rica, donde me formé en las referidas áreas, teniendo inclinación por la agricultura orgánica y el desarrollo comunitario. A la salida de la primera entre las dos instituciones mencionadas me encontré con una paradójica situación: la pasantía disponible para mí era laborando con un almacén de distribución de agroquímicos. No conforme con esto, el destino me llevó a la necesidad de aceptar un trabajo como encargado de fitosanidad en una finca agrícola convencional. La efímera experiencia en esta posición fue suficiente para clarificar en mis principios por qué me gustaba la agricultura orgánica y, ahora sí, por qué cuestionaba la agricultura basada en agroquímicos. Poco después del mes de entrenamiento en esa finca recibí la noticia de una beca completa para realizar mis estudios de licenciatura en EARTH. Allí pude fortalecer conceptos en mis áreas de interés y conocer nuevas técnicas dirigidas hacia la sostenibilidad de la agricultura. El enfoque práctico del programa de estudios en aquella universidad me ayudó a entender que es posible lograr lo que uno se propone si trabaja para ello.

Mi pasantía fue en la elaboración de abonos orgánicos para sistemas agroforestales con cacao. Aproveché para tener un acercamiento a los medios de vida de las personas que habitan las zonas cacaotaleras, sobre todo en Cotuí, provincia Sánchez Ramírez, y Castillo, provincia Duarte. Esta experiencia me sirvió para apoyar la planificación del Proyecto Sistemas de Producción Orgánica de Cacao y Frutales en Fondo Grande, luego financiado por el Programa de Pequeños Subsidios (SGP/FMAM/PNUD) con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, gracias al cual se han implementado diversas acciones tendientes a la implantación de modelos sostenibles de producción en la comunidad y al fortalecimiento de la conciencia ambiental de sus habitantes, quienes han decidido recuperar la cobertura forestal en la cuenca alta del Río Manatí, donde se enmarca el paraje de Fondo Grande. Otra experiencia importante para poder contribuir con este proceso fue mi proyecto de graduación “Distribución de las Raíces Finas de Inga edulis y Theobroma cacao en el Suelo de un Sistema Agroforestal Orgánico”, a través del cual amplié mis conocimientos científicos sobre este tipo de sistemas.

Haber dedicado esfuerzos por profundizar en los sistemas agroforestales orgánicos ha sido un resultado de mi inclinación primera, en aquel entonces fortalecida con el taller impartido por CREAR en Loma de Cabrera. Hoy que tuve la oportunidad de visitarlo, acabé de convencerme de que tenemos en Río Limpio un centro de altísima importancia del que hace falta mayor promoción en República Dominicana. Ojalá que en este país tuviese el reconocimiento que a nivel internacional le es atribuido. Durante mis estudios en EARTH conocí varias personas que me abordaron acerca de esa escuela muy cerca de mi casa. Como se puede imaginar, sentí la vergüenza de no haberlo visitado antes. Pero ahora que estoy en el país listo para la realización de mi tesis de maestría aquí, decidí aprovechar para conocer Río Limpio.

Ha sido un camino interesante. Mi padre y yo salimos pasadas las ocho de la mañana desde Fondo Grande. Un sol radiante nos acompañó desde muy temprano; sin embargo, para resistir el aire frío del camino fue necesario ir con mangas largas. El camino fue de alrededor de dos horas entre curvas y pendientes rodeadas de pinos, mangos, matorrales y parcelas que visten o descubren la piel de los cerros. A ambos lados de la carretera se extienden las viviendas más o menos dispersas. Algunas de las ellas muestran la cara del olvido pero en otras reina, como en cada uno de los pueblos atravesados, el ritmo de la vida: una bandeja en que la mujer sacude arroz recién pilado, una hacha con que raja la leña, un caballo con árganas en que va un señor para la parcela; una columna de niños con banderas siguiendo a su maestra hacia la puerta de la escuela en conmemoración del día en que nació Juan Pablo Duarte...
Nuestra motocicleta sube la cuesta de Rabizal a paso de borrico y con su misma firmeza en el caminar, una vez dejado atrás el paso del Artibonito. Al bajar hacia Río Limpio visualizamos al frente, ahora mucho más clara y cercana que desde la bajada que nos había situado en Las Rosas, la Loma Nalga de Maco, que parece olvidar la distancia para surgir sobre las elevaciones más próximas siendo descubierta por el alcance de nuestras miradas.

El Centro CREAR
Según nos cuenta su director Francisco Guzmán, el Centro Regional de Estudios y Alternativas Rurales (CREAR) surgió a partir de la experiencia de un voluntario del Cuerpo de Paz denominado Mark Freedman, quien a través del Instituto Agrario Dominicano (IAD) llegó a Río Limpio para dar acompañamiento a los agricultores, con quienes trabajó algunas técnicas de agricultura orgánica. Años después de su partida regresó en una visita al país, cuando el entonces Secretario de Estado de Agricultura Hipólito Mejía le propuso hacer algo por la promoción de la agricultura orgánica en el país. Luego de llevarse un equipo de profesionales a conocer la experiencia de otros países en los modelos orgánicos de producción, implementó en 1982 una fundación dedicada a la creación de capacidades bajo el concepto de “agrónomo descalzo”, es decir un agrónomo que no está en la oficina ni andando a motocicleta sino trabajando en el campo. El centro se compuso de dos programas: uno de educación formal y otro de educación no formal.

Los criterios iniciales de los jóvenes a estudiar en CREAR fueron: tener buena moral en su comunidad y provenir de una familia de agricultores. Posteriormente se establecieron nuevos requisitos de acuerdo con las exigencias del Ministerio de Educación, con tal de ofrecer el título de Bachiller Técnico en Ciencias Agrícolas. Este centro tiene la singularidad de facilitar una formación única en la Región del Caribe en cuanto a su énfasis en Agricultura Ecológica. Actualmente cuenta con una matrícula superior a 40 estudiantes de ambos géneros en los dos niveles: 3º y 4º, provenientes de diversas comunidades dominicanas y haitianas.

El proceso de admisión inicia en mayo de cada año, cuando miembros de CREAR salen a hacer promoción en varios liceos secundarios del país llevando consigo los formularios de aplicación. Los estudiantes interesados, quienes deben estar completando (o haber cursado) el 2º de bachillerato toman exámenes de competencia en matemáticas y lengua española a partir de los cuales se decide sobre su admisión. Desde entonces, los estudiantes admitidos son internados en Río Limpio para cursar sus dos años de carrera. Alrededor del 90% de los costos de su estadía son asumidos por el Centro, lo cual facilita el acceso a este programa para estudiantes de familias con muy limitados recursos financieros.

*El autor es estudiante de Maestría Científica en Socioeconomía Ambiental y Especialidad en Práctica del Desarrollo en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE). Correo-e: cristino_gomez@yahoo.com

domingo, 9 de enero de 2011

CON LABORIOSIDAD Y HEROISMO DISCURRE LA VIDA EN MAO, LA DE LOS BELLOS ATARDECERES.

Sergio Reyes II.

( A Lucas, Marino e Isidoro).

Éramos –como podría explicarlo?-, un abigarrado grupo de jóvenes con el mundo a nuestros pies y una intensa vida por vivir. Y estábamos allí, en Mao, la ciudad de las jornadas heroicas en el proceso independentista y la Restauración de la República. Aquella que surgió como centro poblacional a consecuencia de las devastaciones de la ‘banda norte’ en los años 1605 y 1606; la que hubo de parir a los gallardos jóvenes del ‘Batallón Entre Ríos’, que dieron sobradas pruebas de coraje, audacia y valor en diferentes etapas de la vida republicana. Esa que fue ejemplo de la dignidad, de un pueblo que asumió la defensa de la Patria, pagando el alto costo de la inmolación, al enfrentar, en La Barranquita y a las órdenes de Carlos Daniel Grullón, con reducidos pertrechos, bravura de leyenda y un aguerrido ejército de abejas como aliados, a la abusiva injerencia de un país invasor. La misma que sirvió de asiento y escenario para muchas acciones gloriosas y la parte final en la vida del inigualable Desiderio Arias, héroe noroestano y de toda la Nación que supo ser maestro y prototipo de la guerra de guerrillas, amigo de los amigos, justo, leal y respetuoso de la palabra empeñada. Aquella que vio nacer en un rancho humilde de la Loma del Flaco, con el peligro y la asechanza de la ignominia rondando de manera amenazadora, a aquel que ha sido calificado por muchos como el más puro, honesto y combativo conductor de multitudes que ha parido la Patria, y que en vida llevó el nombre de José Francisco Peña Gómez.

En ese mismo acogedor y eufórico poblado de Santa Cruz de Mao, cuya gente ha dado pruebas sobradas de laboriosidad y ha desarrollado con ingenio y esfuerzo toda una tradición en la producción y cosecha de arroz, bananos, tabaco y otros rubros agrícolas -y que, aquí entre nos, exhibe como portaestandarte el indiscutible prestigio de contar con una alta proporción de las mujeres más hermosas de la región noroestana-, en ese idílico lugar, repito, nos encontrábamos, queriendo poner a rodar al mundo acorde a los caprichos y aspiraciones de nuestra juventud en ciernes, mientras realizábamos labores docente-administrativas en el Centro Universitario Regional del Noroeste (CURNO-UASD), un lejano día en los años 80’s.

Y hubo alguien que, apelando a las fibras más sensibles de ese ardiente corazón que palpita, a veces en forma desenfrenada en aquellos que se dejan atrapar en las redes del sentimiento, sugirió, con sobrada premeditación, mostrarnos un espectáculo impresionante, algo inusitado e inesperado, que habría de marcar en forma imperecedera el recuerdo que guardaríamos de Mao, en nuestros corazones.

Sin chistar –quién se habría atrevido a hacerlo!- seguimos dócilmente al racimo de jovencitas maeñas que con tanta solidaridad y dulzura hacían las veces de nuestras edecanes y guías turísticos, y , remontando la calle Duarte hacia el norte, en dirección a la entrada del pueblo, llegamos eufóricos, intrigados y despuntando la tarde a las inmediaciones de Hatico.

Una venerable imagen, que transpira y contagia la mansedumbre del amoroso Pastor de ovejas y Creador del Mundo, nos dio la bienvenida, erguido por encima de todos, en un sencillo pedestal y rodeado por un primoroso jardín sembrado de plantas engalanadas con multicolores flores.

Un profundo sentimiento de acogedora paz embargó a todos los allí presentes, al penetrar al solemne lugar construido para ser usado como centro de veneración y meditación por algún miembro del prestante apellido Bogaert que con esta donación al pueblo de Mao patentizaba su agradecimiento por la calurosa acogida y solidaridad con que los primeros inmigrantes de dicho tronco familiar fueron recibidos en este bello terruño.

Aquel día, al parecer, estaba hecho para las impresiones fuertes y a poco de caminar por los alrededores, deleitarnos con la hermosura de las vistosas flores y escuchar con atención las explicaciones sobre la historia del ‘Santo Bogaert’, las obras construidas y los múltiples servicios prestados por los miembros de la citada familia en beneficio del pueblo de Mao y la región, algún avezado observador se percató de que, por detrás del pedestal en que se erige la imagen, proyectada en la distancia y centelleando por entre las traviesas hojas de un árbol que dificultaba la mirada libre hacia el oeste, se insinuaban, con una majestuosidad insospechada, los destellos más singulares, jamás vistos ni imaginados del Astro Rey.

En verdad, las horas habían avanzado vertiginosamente. La agradable plática –y la compañía, por supuesto!!-, habían creado el espacio adecuado e incubado el germen de donde habría de surgir el inolvidable recuerdo.

Sobrecogidos de la cálida mansedumbre que transpira el apacible espacio en donde se rinde culto de veneración a la simbólica imagen y bañados por los áureos destellos del imponente sol, comprendimos, sin mayores detalles, las razones por las que este paraíso noroestano es conocido como ‘La ciudad de los bellos atardeceres’.

Y en verdad que los refulgentes y encarnados rayos del implacable sol de la línea noroeste solo pueden ser apreciados y disfrutados a plenitud si se observan desde un paradisíaco lugar, como el mencionado y bajo el contagioso ambiente de paz y serenidad que allí se respira.

Las horas avanzaban a pasos galopantes. La noche se acercaba y algunas mesas reservadas de antemano en el antiguo Samoa Bar -frente al parque Franco Bidó- nos esperaban para disfrutar del arte la picardía y las excentricidades de Fefita la Grande, la Mayimba del merengue típico dominicano, cuya presentación estaba pautada para esa noche en la citada sala de fiestas.

Ya lo dije, al principio: éramos portadores del toque mágico de la juventud, el mundo se plegaba ante nosotros y los bellos atardeceres de Mao y de toda la Línea Noroeste, también!

sergioreyII@hotmail.com

Enero 8, 2011. NYC