lunes, 11 de abril de 2011

Con el látigo en las manos o clamando en el desierto, el Padre Regino reivindica en la frontera los derechos de los oprimidos

Sergio Reyes II.

 “ … ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? … “

Sermón de Montesinos –Fragmento-.

Hace unos días tuve el inmenso placer de compartir por unos momentos en Dajabón con el sacerdote católico Regino Martínez Bretón,  en una visita informal que cursé a las instalaciones de Solidaridad Fronteriza, organismo de trabajo comunitario dependiente de la Orden Jesuita en la República Dominicana.  Una extraña sensación de curiosidad y admiración rondaba por mi mente al estrechar con fervor las manos de este personaje de leyenda, que ha peleado las mil batallas en defensa de los oprimidos de mi tierra,  sigue adelante en la carrera y ha guardado la fe sin transigir ni un ápice en los principios que guían su apostolado religioso y social.

Viéndole así, taciturno, apacible y hasta con cierto esbozo de timidez en la conversación, resultaba difícil reconocer en la persona que teníamos en frente al empecinado e indoblegable conductor de incontables jornadas en defensa de los humildes habitantes de esta frontera nuestra tan marginada, vilipendiada y discriminada por los poderosos, funcionarios de pacotilla, politiqueros y seudo-nacionalistas que nos gastamos.

La mansedumbre de su rostro no le impidió disimular el carácter escrutador de su mirada. De seguro que la brega continua con toda clase de gente ha despertado en él la desconfianza ante algunos demagogos y ‘mercaderes de ilusiones’ con quienes debe compartir a diario, en razón de sus funciones al frente del citado organismo y esa cualidad le impele a prevenirse antes de soltar prenda y confesar inquietudes que, a la postre, pudiesen caer en saco roto o, en el peor de los casos, ser objeto de tergiversaciones y manipulaciones o ser tomadas‘fuera de contexto’.

Tiene  elevada estatura y  apariencia juvenil; Exhibe, por lo general, finos modales, un hablar pausado y un buen humor que le asemeja a un escolar; Y, a pesar de las serias y delicadas encomiendas que pesan sobre sus hombros, en sus actuaciones siempre prevalece la calma y ecuanimidad que permitió a grandes líderes de la humanidad como Mahatma Gandhi y Martin Luther King impactar en el seno de las masas y cambiar, con su ejemplo,  el curso de la historia.

Parafraseando una regla de oro de la estrategia en el accionar político, este cura ha sentado cátedras en el ámbito de la frontera dirigiendo los reclamos y reivindicaciones sociales con razón, con ventaja, … y sin sobrepasarse!!

En representación de la orden jesuita en República Dominicana ocupa la máxima dirección del centro Solidaridad Fronteriza, entidad que sirve de mecanismo de orientación y asesoría a infinidad de grupos comunitarios, campesinos, centros de madres y gremiales, entre otros, así como al Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes (SJRM), tomando en consideración el papel predominante de la problemática migratoria en el país y de manera especial en la zona fronteriza, en donde cada día se violan de manera inmisericorde e inhumana los derechos de las oleadas de ciudadanos provenientes mayoritariamente de Haití,  quienes acuden a nuestra tierra en busca de fuentes de trabajo o escapando de la represión generada en los conflictos socioeconómicos que sacuden a esa hermana Nación

En el duro batallar en pro de hacer valer el derecho de las masas desposeídas -entre los que se cuentan de manera preponderante los campesinos sin tierra, organizaciones de base que luchan por el logro de reivindicaciones sociales y de índole municipal y aquellos que han hecho del comercio de ropa, enseres del hogar y bienes de consumo, su modus vivendi-,  el padre Regino  ha hecho una cruzada en la que se ha entregado en cuerpo y alma, lo que le ha llevado a protagonizar un viacrucis en el que ha puesto su vida en juego en más de una ocasión y de paso se ha granjeado la incomprensión, el desacuerdo y la inquina de algunos sectores que difieren de la metodología atípica y apasionada con que el sacerdote jesuita asume la cruda realidad de su labor religiosa.

Y es que, lejos de la apacible quietud y tranquilidad de los claustros, la seguridad que disfrutan quienes se escudan en los hábitos y los púlpitos -sin involucrarse, innecesariamente, en reclamaciones sociales-,  y el conformismo que podría derivarse de padecer los sufrimientos de este mundo en pos de asegurar la gloria eterna, Regino es de los conductores de almas que prefieren educar con el ejemplo, y en esa labor no para mientes a la hora de empuñar el machete o la azada para impulsar una siembra junto a sectores campesinos, arrancar alambradas en terrenos ociosos detentados ilegalmente por terratenientes inescrupulosos -reivindicando así el credo de que la tierra es de quien la trabaja-, amanecer en actitud vigilante en defensa de los reclamados predios y, en caso extremo, asumir con dignidad y decoro las consecuencias legales que de dicha acción se derivaren, fuesen estas la detención, el encarcelamiento o el ultraje, hasta llegar a la incomprensión de algunos faltos de fe.

Regino Martínez llegó a la frontera en pos de un ideal. Decidió, tempranamente, reivindicar la defensa de los pobres, de los golpeados, discriminados y vilipendiados. Entendió que, a veces, el poder de la palabra debe estar acompañado de la contundencia de la espada, y haciendo una simbiosis del ejemplo del Divino Maestro cuando, a fuerza de latigazos,  expulsó de la santidad del templo a los impíos, mercaderes y cobradores de impuestos, ha empuñado el fuete y con la contundencia de este instrumento de uso tan común en la Línea Noroeste  y su verbo, a veces incendiario, de manera frontal ha azotado y desenmascarado a losmacuteadores, extorsionadores y vividores que a diario abusan de los campesinos, vendedores y trabajadores de diversa índole que tienen a la frontera como el espacio natural para ganarse honradamente el sustento.

 Y  esta misión la ha asumido sin importar para ello aspectos tales como la nacionalidad o la tonalidad de la piel de sus defendidos, porque, al fin y al cabo, según predica el Evangelio todos somos iguales ante los ojos de Dios.

Con Regino pueden tenerse diferencias procedimentales o coyunturales sobre tal o cual aspecto de los muchos que ocupan la atención en la problemática socioeconómica que caracteriza la vida en la frontera, sin que ello haga mella en su alta vocación de servicio, su entereza y su entrega sin límites a la lucha en defensa de los oprimidos. Puede diferirse de él en aspectos ideológicos o de índole religiosa y, en ocasiones, hasta se podría cuestionar su sentido de prioridad al colocar en una balanza las aspiraciones supremas del campesinado por detentar una franja de terreno, cuando éstas entran en contraposición con el interés de preservar el patrimonio ecológico e histórico de la Nación, como sucedió con el proceso de adjudicación de los terrenos circundantes al histórico cerro Juan Calvo, en las cercanías de Dajabón, para ser dedicados a usos agrícolas y las ulteriores consecuencias negativas para la ecología de la zona, derivadas de este hecho.

Sin embargo, estos aspectos jamás podrán borrar el profundo valor del apostolado desarrollado por este insigne e incansable luchador en la frontera, unas veces prevalido de su investidura como prelado jesuita y otras tantas como simple ciudadano preocupado por la suerte de sus semejantes que día a día aportan sus nobles esfuerzos en beneficio de sus familias y el engrandecimiento de la Nación.

Regino llegó a Dajabón en los años 80’s a ejercer su labor sacerdotal  proveniente desde su pueblo natal de Licey (Santiago de los Caballeros), recién salido del Seminario y otros centros académicos del país y del extranjero en donde desarrolló sus estudios teológicos;  Desde su llegada hasta el presente su figura ha pasado a ser parte de la cotidianidad provincial y regional, su voz ha estado presente en todas y cada una de las luchas sociales desarrolladas en la región en las últimas tres décadas y su actitud indoblegable se ha hecho sentir, con estatura de gigante.

Sin lugar a dudas, Dajabón no sería lo mismo sin este Padrecito; Y, según he podido entrever,  Regino ya no puede vivir sin Dajabón, porque sus raíces están enterradas muy profundamente, como los añejos mangales de la región, en el fondo del corazón de la gente humilde que le quiere, le venera y le defiende hasta la muerte.

Ojalá cada pueblo de la frontera domínico haitiana tuviese un defensor intransigente e incorruptible como el sacerdote jesuita Regino Martínez, tal  y como lo tenemos los dajaboneros!


Santo Domingo, Abril 9, 2011.

viernes, 1 de abril de 2011

La denuncia social, el amor a la vida y las bondades de la campiña, brotan como manantiales en las décimas de Josián Espinal.

Sergio Reyes II.

Sus ojillos vivaraces –ventanas abiertas del alma- se inundan por momentos, posesionados de esas flamígeras llamaradas que dominan las mentes inspiradas de algunos privilegiados a quienes la vida les deparó el sagrado deber –y el placer- de expresar el sentir de los demás, conjugando en esa tarea la calidad, la candidez y la contundencia de la labor social en defensa de la comunidad. Las limitaciones para expresar lo que siente y el resabio interior por no poder articular por sus propios medios las emociones que de seguro siente al saberse depositario de la profunda admiración y respeto de quienes hemos acudido como el alumno ante el maestro, en busca de abrevar en la infinita sapiencia acumulada en tan rico manantial, le inducen, a ratos, a proyectar una imagen que pudiese confundir al entrevistador. Sin embargo, viejas añoranzas con viñetas de ancianidad, similares o parecidas, nos transportan a recuerdos en la etapa final de la existencia de mi abuelo, y con ese toque mágico de ternura podemos, entonces, armarnos de valor para asumir, con la solemnidad que requiere el caso, una amena conversación con el decimero Juan Antonio Espinal –Josián- y su adorable e inseparable esposa Teresa de Jesús Pérez Domínguez, en un apacible y acogedor rincón campestre con toques de paraíso ubicado en la comunidad de El Guanal, en la provincia Santiago Rodríguez.

De sobra conocíamos su obra: Cómo no saberlo si desde hace mas de 6 décadas ha ido dejando la impronta de su arte repentista, satírico y jocoso, valiente, combativo y veraz, en todos los espacios en donde ha logrado filtrar las atinadas y contundentes décimas, que nacieron con él, como parte del andamiaje cultural de una región y una época y que desde ya podemos augurar que serán, por siempre, parte integral del patrimonio del pueblo dominicano?

Como poeta innato, con fuertes influencias campesinas y una acendrada formación hogareña, Josián desarrolló la facilidad en la palabra versificada a muy temprana edad –desde los 14 años, según ha sido consignado en sus memorias-; Por ende, es dable suponer que su presencia fue componente inseparable de las veladas, encuentros festivos, velatorios, faenas agrícolas del tipo de los convites o juntas y, más adelante, eventos sociales, políticos y comunitarios. Y todo ello, sin desdeñar las ‘peñas’ de los años mozos, de rico sabor y contenido romántico, en las que dos o más gallardos mozalbetes se disputan -fuertemente apertrechados con la contundencia de una décima-, los suspiros y quereres de aquella a quien sueñan con hacer su mujer.

Y vaya Usted a saber –y me perdonan la indiscreción por divulgar el dato obtenido casi en confesión-, que en uno de esos ‘lances decimeros’ el inquieto e ingenioso Josián se apropió en su totalidad de los sentimientos de Teresa. Y hasta la fecha de hoy!

Juan Antonio Espinal constituye en el presente uno de los exponentes más preclaros, honestos y auténticos de la cultura campesina dominicana y en ese tenor se erige como una reserva del folklore, las costumbres, las actitudes y el comportamiento de los habitantes de la Línea Noroeste y de la zona de Santiago Rodríguez, en particular. A lo largo de su vida siempre ha puesto su condición de trabajador agrícola en primer lugar y en sus predios, sembradíos y crianzas a cada instante salen a relucir las señas de su mano laboriosa. De igual forma, el apoyo que le profesa su familia compuesta por sus hijos, nietos y relacionados evidencia que sembró en ellos el ejemplo del amor y la unidad lo que se ha revertido en un monolítico e indisoluble clan familiar que constituye un ejemplo en la comunidad de El Guanal.

Las paredes de su casa –un perfecto equilibrio de modernidad, con respeto al medioambiente campesino- están repletas de las placas, reconocimientos, premiaciones y homenajes que ha ido amasando a lo largo de su vida, gracias al tesón, entrega y seriedad con que ha asumido la proyección de su cultura y la defensa intransigente de las causas justas, erigiéndose, en más de una ocasión, en la espinita que incomoda la placidez de los ‘jorocones’, burócratas y funcionarios que de tiempo en tiempo padecen nuestras comunidades y que solo acuden a las posiciones públicas para lucrarse y obtener beneficio propio y para sus familiares y relacionados.

Con el estilo picaresco que caracteriza al decimero pueblerino, Josián ha exaltado las bondades de la campiña así como de los pueblos y ciudades que constituyen la frontera y la Línea Noroeste. Ha sembrado el aliento en el humilde campesino que lucha día a día en el surco en busca de un mejor porvenir; ha glorificado la memoria de personajes inmaculados de la historia dominicana, ha enaltecido a grupos sociales como el agrónomo,  el maestro y el campesino y se ha tomado un capítulo muy especial para honrar a la Mujer –y entre ellas, a Doña Teresa-, elemento inspiracional por excelencia que siempre ha estado presente de una forma u otra en sus versificaciones.

Con ese arduo batallar a cuestas erigiéndose en vocero y estandarte de los pobres, los olvidados y los dolidos, Don Josián ve pasar los días, rodeado del aprecio de los suyos y de todos cuantos valoramos la importancia que tiene para nuestros pueblos la preservación de una labor tan fecunda, honesta y ejemplarizadora como la de este gran hombre.

Josian viene padeciendo en la actualidad serias limitaciones en  su accionar, fruto de graves padecimientos cardiovasculares que se desencadenaron sobre su recia fortaleza afectando su movilidad y capacidad para comunicarse. En el lento, delicado y tesonero proceso que conduzca a su plena recuperación participan de manera entusiasta y paciente su fiel compañera de toda una vida así como algunos jóvenes de la comunidad y relacionados que hacen vida en la casa campestre del clan familiar. Ellos, con su amorosa dedicación y empeño contribuyen a hacer más llevadera y apacible la existencia de esta gloria noroestana de la poesía popular.

En homenaje a la fecunda labor poética y a sus años de esfuerzo proyectando la cultura popular, en meses recientes y con el auspicio de su familia fue publicado un volumen que contiene una selección de sus más aclamadas décimas. De igual manera, el cantautor y activista cultural Manuel Jiménez puso en circulación un disco compacto con arreglos musicales a varias composiciones del destacado decimero, las que se escuchan en las voces de artistas de la talla de Sonia Silvestre, Josefina Torres -oriunda de Santiago Rodríguez-, Roldán Mármol y el propio Manuel Jiménez. Ambas producciones –el libro y el disco compacto- llevan por nombre ‘El olor de mi campiña’.

Desde esta humilde trinchera, hago votos por la pronta y segura recuperación de Josián, a fin de que podamos seguir disfrutando de su arte infinito, de sus anécdotas, de sus ocurrencias y de su verborrea cargada de denuncia social. Yo también, al igual que Pedro Antonio (Pellín) y demás vástagos de esta ejemplar pareja de esposos de El Guanal, en mis años de infancia  y en tiempos de invierno y lluvias disfruté de incontables veladas nocturnas, en torno a los fogones, al ardor de las brazas y la leña de cuaba, encima de serones y sacos de maní, escuchando décimas de boca de mi abuelo y tíos, mientras asábamos apetitosas y humeantes batatas, bajo el manto inolvidable de los azulosos rayos de la luna y un cielo encopetado de estrellas. Y frente a esos entrañables recuerdos, mi aprecio por Josián y su obra se multiplica.

Que viva por siempre esta gloria del arte popular dominicano y que siga cantándole a la campiña, provocando aletear de mariposas y esperanzas de redención en el pecho de los oprimidos!


Marzo 31, 2011; Santo Domingo.