miércoles, 18 de mayo de 2011

MADRE, SOLO HAY UNA!!

Sergio Reyes II.
 
Como repique de tambores que se desparrama por todo el entorno y se multiplica entre los bosques y serranías de la cordillera, así vemos llegar los ansiados chubascos tempraneros con que el mes de Mayo irrumpe en escena, anunciando el fin de la sequía, un respiro para las siembras  y los auspicios de prometedoras cosechas.
 
Por encanto reverdecen las veredas, se llenan de vigor los frutos y las siembras en los conucos, pululan por doquier las mariposillas, el rojo anaranjado de las amapolas nos enceguece por momentos y el alma se nos llena de nobles sentimientos.
 
Como siempre, la Madre Natura llega a tiempo, en auxilio de sus desvalidos hijos que desde comienzos de año padecen los tradicionales latigazos provocados por la sequía,  situación que  en los últimos tiempos  se ha venido empeorando debido a los cambios climáticos provocados por la creciente deforestación y el constante abuso a que la humanidad somete a sus recursos naturales.
 
Con sobrada razón, Mayo ha sido bautizado como el mes de la fecundidad y a todo lo largo de sus 31 días en una gran parte de las naciones del mundo se festeja con grandes manifestaciones de júbilo al ser más sublime, a quien le fue dada la enjundiosa encomienda de sostener,  parir  y amamantar  al fruto de su vientre, contribuyendo con ello a la reproducción de la especie en toda la faz de la tierra.
 
Y junto a esa Madrecita buena, que fue dejando estelas luminosas de su vida en la fragua de nuestra existencia y que con su ejemplo y tesón contribuyó a convertirnos en hombres y mujeres de bien, para orgullo de la Patria y nuestras propias familias, nos fundimos en estos días de celebración diseminados a lo largo del mes de Mayo, para expresarles nuestro sentir y agradecimiento por habernos dado el milagro de la vida, el sostenimiento, la educación y el ejemplo.
 
A esas madres que con el sudor de sus frentes abonaron la tierra en donde habrían de cosechar el alimento para sus hijos.
 
A todas las que echaron mano de sus múltiples profesiones, ocupaciones o habilidades y se lanzaron a las calles a buscar trabajo, sin dejarse amilanar ante las dificultades y venciendo prejuicios, discriminación, abusos, maltratos y vejaciones de toda índole.
 
A las madres solteras, que por causa de la inmadurez, la irresponsabilidad o los avatares del destino se vieron forzadas a asumir  la  difícil misión de ser padre y madre a la vez.
 
A la oleada de valerosas mujeres que buscando la ‘visa para un sueño’ partieron un día de sus países en condición de inmigrantes,  sortearon la bravura de las olas y el mar profundo, vencieron el miedo a las alturas, la soledad del desierto y el bochorno de la explotación con tintes de prejuicio y discriminación, en aras de poder labrarse un mejor destino, para sí mismas y su familia.
 
-Y con ellas, a la innúmera cantidad de otras tantas que nunca pudieron llegar a puerto seguro y dejaron enterradas sus esperanzas de un mejor porvenir en el fondo de los océanos, en la inhóspita vastedad de los desiertos o en los lúgubres y ominosos antros en donde se vieron forzadas a encaminar  sus pasos.-
 
A las viejecitas buenas, que no conformes con haber dedicado la mejor parte de sus vidas a conducir a sus descendencias con mano firme y enérgica por el mejor de los senderos, hoy por hoy, en su condición de abuelas, se constituyen en la mano derecha, junto a sus hijos e hijas, en la crianza y educación de nietos, biznietos, tataranietos y toda las generaciones que la longevidad y la buena salud les permitan conocer y disfrutar.
 
A todas esas Madres que llenan de ejemplo, amor y alegría a nuestras vidas, quiero expresarles en el transcurso de este simbólico mes de Mayo mis más calurosas felicitaciones. Y a la vez, extiendo un mensaje de solidaridad, en aliento y resignación para aquellos que ya no tienen a su lado a sus madrecitas queridas.
 
Y todos juntos, los que la tenemos viva y los que no, levantemos al unísono una oración, en agradecimiento eterno al Creador, por habernos dado la inconmensurable dicha de disfrutar la compañía de una buena Madre.
 
Felicidades Mamá, en tu día!!.

sergioreyII@hotmail.com
Santo Domingo, Rep. Dom. ; Mayo, 2011

jueves, 5 de mayo de 2011

Dajabón: Un crisol arquitectónico que debemos preservar


Sergio Reyes II.
  
La fisonomía de nuestras ciudades y pueblos está matizada por una mescolanza de expresiones arquitectónicas en la que resaltan las raíces de las diferentes culturas que han interactuado en la formación del pueblo dominicano.

Entre dichas expresiones destaca un estilo de construcción de viviendas en el que prima el uso de la madera para las estructuras y ornamentos y el zinc –liso o acanalado- para el techado; un uso apropiado del techo a dos o más aguas –según la necesidad-, y empleo de una abigarrada combinación de elementos ornamentales tales como balaústres (barandillas) en balcones y pisos bajos, galerías corridas perimetrales, buhardillas, visillos curiosamente ornamentados con calados en apariencia de encaje, e interesantes diseños en puertas, ventanas y vuelos del techo.

Este estilo, que fue introducido al país a partir de la segunda mitad del siglo XIX, proveniente de Europa y Estados Unidos, es conocido como el estilo arquitectónico Victoriano, al que se le endilga, además, la condición de ‘ecléctico tardío’, por constituir una conciliación entre diferentes estilos y por haber llegado a las Antillas tardíamente, a causa del atraso económico ancestral por el que transitaron las nacientes repúblicas de estas latitudes, lo que les impidió ir a la par con el desarrollo de las naciones que les colonizaron en el pasado.

Ciudades como San Pedro de Macorís, Puerto Plata, Santiago de los Caballeros, Sánchez, Samaná, Monte Cristi y otras, experimentaron una época de apogeo arquitectónico en la que los artífices de la construcción impusieron un estilo que, por su profusión, vistosidad, calidad y funcionalidad terminó convirtiéndose en el modelo por excelencia de las construcciones, tanto a nivel de las mansiones y villas de los sectores pudientes como de las pequeñas y coquetas casitas de los humildes poblados y campiñas del interior del país.

La posibilidad de adaptar los trazos, molduras y ángulos del estilo victoriano en la madera y la ventaja que representaban las grandes serranías y bosques maderables existentes en República Dominicana, facilitó la proliferación de viviendas inspiradas en dicho estilo, al alcance de todos los estratos sociales.

La ubicación de centros de intercambio comercial (aduanas y puertos) y la influencia que ello representa en cuanto al movimiento económico y cultural, condicionó que las ciudades establecidas a lo largo de la costa –norte y sur-, mantuviesen un estrecho contacto con el extranjero, lo que conllevó a que hacia ellas fluyesen los aires modernos, acordes con la época, transportados como parte del fenómeno migratorio y su correspondiente intercambio cultural. Monte Cristi, Puerto Plata, Sánchez y Samaná son un fiel reflejo de ello.

El poblado de Dajabón -que originalmente formó parte de la provincia Monte Cristi, siendo a la vez parte de la ruta obligada del transporte terrestre del comercio de mercaderías provenientes de Juana Méndez y demás pueblos del norte de Haití-,  devino en constituirse en parte de ese agitado crisol arquitectónico, aunque en mucho menor medida que las poblaciones mencionadas. Sin embargo, debemos consignar que las edificaciones levantadas allí, al calor del revolucionario estilo arquitectónico de marras, reflejan con toda fidelidad los aspectos más arriba señalados.

En ese tenor, podemos enunciar aquí que, tanto las mansiones, locales comerciales, edificaciones públicas, glorietas y plazas construidas en Dajabón, como las humildes viviendas rurales, inspiradas en el citado estilo arquitectónico y otros que se impusieron más adelante, merecen ser conservadas en su estado original, en homenaje a un periodo histórico de nuestra Era Republicana que debe permanecer intacto, como reflejo del devenir histórico de la Nación.

Uno de estos espacios lo representaba el conjunto de la antigua Casa Consistorial de Dajabón y el parque central de esta población, en cuyo centro se encuentra la romántica glorieta tipo chalet, de grata recordación para varias generaciones de hijos de esta provincia.

Tanto la casa -construida en 1936- como la glorieta del parque, -regalo del gobierno de Horacio Vásquez (1924-1930-, simbolizaban un complejo estructural a tono con un estilo urbanístico en el que se equilibran las instancias de organización y administración estatal –el Ayuntamiento-, con los espacios de distracción y esparcimiento del pueblo -la plaza o parque-.

Este lugar evocaba, además, un acontecimiento luctuoso de la historia de nuestra nación y su relación con el hermano pueblo haitiano: desde el entramado que constituía el amplio balcón-galería que bordeaba toda la segunda planta de la antigua Casa Consistorial, el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina pronunció, en Octubre de 1937, un encolerizado discurso matizado de racismo y xenofobia anti-haitiana, el que finalizó dando un formidable zapatazo que remeció todos los cimientos de la estructura. Dicha acción constituyó el preludio de lo que habría de ser la más horrorosa masacre que recuerde la historia nacional, en la que perecieron más de 20 mil indefensos campesinos de origen haitiano, muchos de ellos nacidos en territorio nacional y otros tantos emparentados en primer y segundo grados con nacionales de nuestro país, que hubieron de padecer, también, los horrores de la persecución y matanza.

La tiranía hubo de rodar por tierra, en 1961, y hoy por hoy los pueblos haitiano y dominicano se encaminan por senderos de armonización, entendimiento y colaboración, para arribar a la solución de sus problemas comunes.

Los salones de la demolida Casa Consistorial eran usados por grupos culturales de la región para ensayar. Es el caso del ballet folklórico, los talleres de pintura y artes escénicas. Al mismo tiempo se impartían cursos de mecanografía y comercio y se encaminaban los pasos para el establecimiento de una biblioteca. Dichas actividades eran coordinadas por el periodista, poeta y activista cultural dajabonero Rubén Darío Villalona –Chío-, quien también promueve el Museo Imágenes de la Frontera  y se desempeña como el directivo principal de la Casa de la Cultura del municipio cabecera de la provincia, además de coordinador del Ministerio de Cultura en toda la línea noroeste.

Fruto de decisiones tomadas a la ligera, que no cuentan ni contaron en su momento con ningún asidero apegado a la lógica y la ecuanimidad, los incumbentes del máximo organismo del quehacer cultural en la Nación, en coordinación con funcionarios del Instituto Nacional de Auxilios y Viviendas –INAVI-, se enrumbaron en la torpe e irreflexiva medida de demoler la vetusta edificación, para luego proceder a construir en dicho espacio una funeraria destinada al servicio comunitario. A tono con los planes iniciales, ambos organismos –funeraria y centro cultural- habrían de compartir las instalaciones del futuro edificio.

Esta aberrante y obcecada medida fue implementada en el periodo de gobierno 2000-2004, en momentos en que el quehacer cultural de la Nación se debatía en un mar de proyectos, planes y ejecutorias, en su mayor parte de corte futurista, implementados por el poeta Tony Raful. En ese entonces se especuló que había intereses mercuriales envueltos detrás del presupuesto asignado para la construcción de la funeraria de marras. Más aún,  circuló la especie de que un buen dajabonero había puesto a disposición un solar en otro lugar de la ciudad y que este ofrecimiento había sido desestimado, lo que dio pie a conjeturas en el sentido de que desde el principio se buscaba la demolición pura y simple de la edificación, medida que, en el trasfondo, podría tener un sesgo de retaliación política, en pro de afectar la imagen y ejecutorias del incumbente del centro cultural y hacerle saltar del cargo.

Los hechos mencionados ya forman parte de la historia del quehacer de la intelectualidad en la frontera. Con la demolición de la vetusta y simbólica edificación el activismo cultural dajabonero quedó sin techo y al mismo tiempo rodó por tierra un símbolo de lo que es y ha sido la arquitectura local.

De nada valieron los alegatos y acciones encaminadas por los directivos, activistas comunitarios  y trabajadores del quehacer cultural, tanto a nivel provincial como por ante las instancias de los encopetados funcionarios de la cartera, en pro de detener la grosera medida, desconocedora del profundo significado asignado por los pobladores a sus valores regionales: solo oídos sordos, acciones evasivas y comentarios sarcásticos y zahirientes recibimos en la ocasión, provenientes de aquellos en quienes descansaba en esos momentos la obligación de velar por el rescate y preservación de la cultura de la Nación.

Chío Villalona y los activistas del centro tuvieron que liar sus bártulos a la carrera y entregar el local, a fin de evitar males mayores. Más adelante, con nuevos bríos y refugiados en una nueva y hospitalaria instalación, los forjadores del quehacer cultural en la provincia habrían de poner en tensión sus capacidades y creatividad para superar el trauma acarreado con la ejecución de la injustificable medida que venimos comentando.

Varios años han pasado desde aquel funesto día en que fue groseramente desmantelado el antiguo local de la Casa de la Cultura de Dajabón y de la ‘Cámara’ de Comercio. La dedicación al trabajo y al estudio ha permitido que ese puñado de jóvenes valores que acompañan a Chío en la brega cultural, demuestren cada día más sus inquietudes y capacidades y los frutos de dicha fecunda labor se observan a diario en los talleres literarios, grupos folklóricos, de teatro,  en el montaje de personajes y comparsas del carnaval y elaboración de artesanías -entre otras actividades artísticas-, lo cual nos llena de profunda satisfacción.

Por su parte, luego de sortear innúmeros retrasos, desacuerdos y ‘falta de liquidez’, en el solar de la demolida Casa Consistorial de Dajabón, finalmente fue construido y puesto en función el organismo de servicios funerarios comunitarios previamente mencionado.

Seria mezquino de nuestra parte enjuiciar negativamente la labor que pudiese estar rindiendo dicha entidad, si verdaderamente lo hace en beneficio de los más necesitados, tal y como fue concebida dicha obra. Sin embargo, habiendo transcurrido 10 años y a manera de colofón vamos a repetir los criterios en los cuales nos escudábamos, junto al movimiento cultural dajabonero, para oponernos a la demolición del local de la Casa de la Cultura y a la erección, en el mismo espacio, de un local que albergase a esta institución, conjuntamente con el establecimiento de una funeraria de INAVI:

“ …No es posible aceptar que en un mismo espacio coexistan los elementos de una cultura viva con el culto a los muertos. Independientemente de que la muerte es un paso ineludible en nuestro tránsito por la vida, no podemos entender que, llegada la hora del recorrido hacia los terrenos de lo insondable, el culto a ella se produzca concomitantemente con las actividades  propias del ambiente de jolgorio, alegría y expresividad en el que confluyen las artes escénicas, el folklore, la literatura y la libre expresión de las ideas”; razón por la cual abogábamos en aquel entonces por un acuerdo que preservase “por sobre todas las cosas -y los intereses personales-, el patrimonio arquitectónico de Dajabón y la promoción y difusión de nuestros valores culturales”.

Felizmente,  la dedicación y perseverancia en el trabajo desplegados por los activistas de esta población, ha demostrado que, para Dajabón, vale más el apoyo y estímulo a las manifestaciones culturales autóctonas, que mil rimbombantes, desfasados e hipócritas conciertos en mangas de camisa, como aquel con que se nos quiso ‘allantar’ en esa fallida gestión cultural de la que no quiero acordarme.

Santo Domingo, Abril 2011

lunes, 2 de mayo de 2011

Arlette Fernández:

Más que una viuda, una Mujer de Acero! 

Sergio Reyes II.


“ … su apellido era Fernández  y su nombre Rafael;
el pueblo lo vio caer abrazado a la bandera.
Yo creo que es una estrella;
por eso brilla en el cielo de nuestra linda Quisqueya”.

Josián Espinal –Decimero-; Sabaneta.
  
La veo en mis recuerdos, en el ámbito de la Universidad Autónoma de Santo Domingo –UASD-, en afanosas diligencias en pro de la publicación del que habría de ser el primer escrito a su firma, dedicado a resaltar la memoria del más digno exponente del militar de formación avanzada y mentalidad progresista en la historia dominicana: su ilustre esposo, el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, caído a destiempo, a pocos días de iniciada la contienda bélica de Abril de 1965.

Y precisamente allí, recorriendo las callejas, pasillos y jardines del campus de la cuatricentenaria Casa de Estudios, tocando puertas y esperando en las antesalas de despachos de esa institución que al influjo de los aires liberales impulsados por la revolución pudo ver el nacimiento y puesta en práctica del Movimiento Renovador que habría de sacudir las obsoletas prácticas educativas que la mantenían atada al oscurantismo y dar un paso hacia el modernismo, acorde a los mejores intereses de la colectividad yabierta a todas las corrientes del pensamiento, en esa Academia, repito, en donde ya antes se había editado un folleto bajo los auspicios iniciales de la Federación de Estudiantes Dominicanos, con la finalidad de resaltar al Soldado Democrático, Alma Arlette Fernández, viuda Fernández Domínguez pudo ver cristalizados sus esfuerzos de contar con una herramienta más documentada, que le permitiese contar al mundo, en sus propias palabras, lo que significó para ella y su familia la entrega sin desmayo de su marido a la noble y decorosa tarea de defender los valores patrios y los principios consagrados en la Constitución de 1963.

Aquel primer ‘librito’, cuasi folleto, había sido editado con el impulso de la gestión estudiantil encabezada por Lorenzo Vargas –Lenchy- y su tirada se produjo en la Editora Universitaria. En la ocasión, el gremio se fijó la meta de luchar por la instauración del 19 de Mayo –fecha en que se produce la caída en combate del coronel Fernández Domínguez-, como Día del Soldado Democrático, en homenaje póstumo al insigne militar. Esta noble aspiración fue alcanzada, casi tres décadas después, mediante Ley del Congreso Nacional 154-08, promulgada por el Poder Ejecutivo el 22 de abril de 2008.

De su parte, la publicación elaborada por Arlette experimentó una rápida difusión, lo que motivó la producción de sucesivas reimpresiones así como nuevas ediciones enriquecidas con reveladores datos. La labor tesonera, consagrada y cuidadosa de esta infatigable mujer ha permitido que se haya incrementado la cantidad de fotografías, testimonios, referencias y anexos y con ello, hemos visto crecer el volumen de la obra, la calidad en la impresión de la misma y, de manera sumamente significativa, hemos visto crecer, día a día, el reconocimiento y veneración de la patria agradecida hacia el Soldado del Pueblo, que supo luchar con coraje y gallardía en defensa de los mejores intereses de la Nación y ofrendó su vida en aras de dicho ideal, un 19 de Mayo de 1965, -a pocos días de haber ingresado al país y de haber asumido su puesto en el frente de batalla- , mientras dirigía un arriesgado asalto a las instalaciones del Palacio Nacional, que se encontraba en ese momento bajo el control de un sector de traidores del ejército dominicano, aupado por las botas interventoras yanquis.


LA VIDA EN PRO DE UN LEGADO.

Las ansias juveniles, ardores, planes y proyectos en la vida de Arlette Fernández así como sus ilusiones de recién casada, tras haber unido su vida a la del pundonoroso militar que buscaba afanosamente hacer en la milicia una carrera limpia y honesta, dando pasos concretos en pro de lograr una diferenciación con el lúgubre pasado que había caracterizado al citado cuerpo, quedaron eclipsados, irremisiblemente.

El golpe de estado encabezado en 1963 por la rancia y conservadora cúpula militar, auspiciado por la ultra-reaccionaria oligarquía criolla y la complicidad del imperio yanqui echó por tierra las ilusiones de todo un pueblo, en busca de la reinstauración de la democracia y junto al desplome del gobierno democrático del Profesor Juan Bosch también rodaron las posibilidades de sosiego en la vida de los esposos Fernández.

A los días de destitución del cargo de Director de la Academia Militar Batalla de las Carreras, ojeriza, vigilancia extrema, exclusión en la toma de decisiones y otras medidas represivas aplicadas  contra Fernández Domínguez precedió la intentona en la aplicación de medidas arteras, tales como la degradación y el posible  traslado a una plaza en la frontera –lo que ponía en grave peligro su seguridad personal-, hasta que finalmente el gobierno de facto del Triunvirato decidió  el envío al exterior en calidad de Agregado Militar –una sofisticada versión de exilio forzoso-, con todo lo cual se buscaba mantenerle apartado de sus oficiales leales, consignados en diferentes organismos del ejército dominicano y de manera especial en la Academia.

Envuelta en la intensa, decidida e inteligente –pero peligrosa- misión sediciosa alentada por su marido y un puñado de valiosos miembros de la oficialidad dominicana, en aras de la vuelta al poder del Presidente Bosch y la reinstauración de la progresista constitución que servía de norte a dicho gobierno, Arlette vio transcurrir los meses finales de 1963 y todo el año 1964. Al tiempo que Rafael se volcaba en incontables misivas revestidas de ferviente patriotismo, dirigidas al Teniente Coronel Miguel Hernando Ramírez y otros militares que mantenían vigente en suelo patrio la dirección del movimiento subversivo, en el pecho de la joven esposa iba aposentándose la admiración hacia su infatigable compañero, en quien nunca vio aflorar el desaliento ni el derrotismo.

La asonada revolucionaria de 1965, que unió al pueblo y sus organizaciones democráticas con los sectores más avanzados del ejército dominicano en pro de la vuelta a la constitucionalidad, así como la Guerra Patria provocada por la grosera intromisión yanqui en territorio nacional, a partir del 28 de Abril del citado año, constituyen hechos relevantes que marcaron al pueblo dominicano y repercutirán por siempre en su devenir y su historia.

Allí perdió la vida una cantidad indeterminada de hombres y mujeres.  Militares, combatientes, ancianos y niños, comprometidos o no con cualquiera de los bandos en pugna. Gente humilde del pueblo, que tan solo exigía su derecho a vivir en paz, con libertad y dignidad.

El Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez es el paradigma de ese soldado del pueblo y militar de la libertad que ofrendó su vida en aras de los más puros ideales de redención de su patria.

Probablemente no exista nadie en el mundo a quien haya afectado su muerte en mayor magnitud que a su viuda Arlette. Y a sus hijos, por supuesto!

 Y haciendo conjunción de la palabra con los hechos esta tesonera y emprendedora mujer ha dedicado toda una vida para dar a conocer y resaltar, no tan solo los invaluables aportes hechos por su difunto esposo a la causa liberadora del pueblo dominicano, sino también los incontables sacrificios ejecutados por otros tantos pundonorosos militares y hombres del pueblo que le acompañaron en el proceso  conspirativo, en el fragor de la contienda, los que le acompañaron y cayeron junto a él, en aquella fatídica tarde del asalto al Palacio Nacional, el 19 de Mayo de 1965 y, finalmente, los que recogieron del suelo los fusiles, las banderas y las proclamas y continuaron la lucha para mantener vigentes la dignidad y los principios.

Para honrar la memoria de esos héroes de Abril, cuyos nombres en su gran mayoría permanecen en el olvido, surgió la Fundación Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez. Mas que una exaltación individual de los indiscutibles méritos de su marido, Arlette ha dedicado los mejores años de su vida a dar a conocer los nombres y hechos de esos hombres –vivos o muertos- que acompañaron a Rafael Tomás hasta el estallido de la revuelta de Abril y los acontecimientos que se desencadenaron después.

Y ostentando las mismas dotes de nobleza y sinceridad que le han servido de estandarte en todos estos años en que ha mantenido, a veces sola, a veces acompañada de unos cuantos –pero siempre contando con el cariño y admiración del pueblo dominicano-, al llegar los reconocimientos, condecoraciones y homenajes por los muchos méritos acumulados en la patriótica labor desarrollada al frente de la Fundación, Arlette no se inmuta en declarar:-“Ellos, los oficiales que acompañaron a mi esposo, y no yo, son quienes merecen todo el reconocimiento del pueblo”-.

Hace unos días, tuve el placer de asistir a una importante actividad celebrada en los salones del Ayuntamiento de Sabaneta (Santiago Rodríguez), en donde se rindió homenaje a la gesta de abril y a la vida y obras del Coronel Fernández Domínguez, la cual se constituyó, a la vez, en un emotivo acto de recordación, tanto a los fallecidos en la gesta como a los sobrevivientes de ella.

La diminuta pero cálida presencia de aquella mujer, acompañada de una amplia delegación de veteranos ex oficiales del ejército, cadetes y miembros del aguerrido e intrépido cuerpo de ‘Hombres Rana’, todos ellos con un heroico historial de hazañas ejecutadas al fragor de la contienda de abril impregnaron el ambiente de aquella noche de aires de libertad.

Y en los rostros de la gente humilde de aquel pueblo de la Línea Noroeste y lugares cercanos que abarrotaba el amplio salón resaltaba el fervor patriótico y el agradecimiento eterno a aquellos que lucharon por el respeto a la constitucionalidad, hasta vencer o morir.

Por mujeres como Arlette Fernández, que ha dado a su pueblo a través de los años sobradas lecciones cívicas de verdadero coraje y heroísmo, que ha dedicado su vida a poner en alto los paradigmas de nuestro pueblo y mantiene su ejemplo latente en la mentalidad de las jóvenes generaciones, cada día me siento más orgulloso de ser llamado DOMINICANO!


Santo Domingo; Abril 29, 2011.